The quest (parte II)

La sala de ordenadores estaba en silencio. Bueno, en realidad era más bien una especie de trastero reconvertido, oscuro y sin casi ventilación. Estaba justo debajo de la habitación donde 2 horas antes la Muerte había buscado al Creador. Y tampoco estaba en silencio total que digamos: las fuentes de alimentación de los 3 PCs encendidos sonaban como un alegre coro de cortacéspedes. Un oyente más atento también habría percibido el sonido que se escapaba de unos cascos. Eran ruidos de guerra: un de los dos ocupantes de la sala jugaba tranquilamente al Halo 3 de su X-Box con los auriculares puestos y con el sonido a toda potencia. El otro estaba buscando información en la Wikipedia sobre el calentamiento de oído y cómo mitigarlo.

Ninguno de los 2 fue capaz de detectar el más mínimo cambio en su atmósfera de “trabajo” hasta que les recorrió un escalofrío. Y es que la Muerte llevaba practicando aquello desde que nació la primera forma de vida: si alguna vez se aparecía y le ignoraban por la razón que fuese, todos se percataban de su presencia con un estudiado y preciso escalofrío.

El que estaba frente al ordenador levantó la vista y dijo “ Servicio técnico, ¿en qué puedo ayudarle?”.

Aquel tipo tenía a la Muerte encandilado. Jamás había encontrado a ningún otro ser humano como aquél. La mayoría de personas que ven a la Muerte creen que lo que tienen delante es una alucinación, una invención o un error: ¿cómo podrían sino estar viendo a la mismísima muerte ante sus propios ojos? Para escapar de tan incómoda situación, el común de los mortales elegía la opción de imaginarse a la Muerte con cualquier otro aspecto. Así podían seguir interactuando con Él, no sin abandonar la extraña sensación de que algo no encajaba del todo con su interlocutor. Pero aquel individuo parecía verle perfectamente y no se asustaba ni renegaba de su existencia. Ni entraba en pánico.

La Muerte le saludó: “HOLA, MOSS. ¿QUÉ TAL VA TODO?

– Bueno, supongo que no va mal. Aunque estando tú por aquí, nunca se sabe.

SÍ, BUENO…

– ¿A quién has venido a llevarte?

OH, NO, TRANQUILO. HOY NO ESTOY AQUÍ POR ASUNTOS DE TRABAJO. TENGO UNA DUDA DE TIPO MÁGICO-EXISTENCIAL-ESPACIO-TEMPORAL Y NO SÉ A QUIÉN ACUDIR.

– ¿Y somos nosotros tu mejor opción?

MUY AGUDO”, pensó la Muerte. Si Él no había podido encontrar la solución a un dilema de tal calibre, ¿cómo le iban a ayudar dos simples mortales que apenas se relacionaban con el mundo exterior y casi seguro eran vírgenes? Tras la última sesión del Oráculo, la Muerte había aprendido la importancia que le dan algunos seres humanos a la virginidad, aunque ante Sus ojos, todo aquello era bastante trivial.

BUENO, HE PENSADO QUE TAL VEZ PODRÍAIS USAR VUESTROS CONOCIEMIENTOS TECNOLÓGICOS PARA RESOLVER MI PROBLEMA. LAS MÁQUINAS NO SON MI FUERTE.

– Oh. De acuerdo. Espera, voy a avisar a Roy.

NO CREO QUE SEA UNA BUENA IDEA.

Y es que el hombre llamado Roy (que seguía jugando como si nada hubiese ocurrido) también era capaz de ver a la Muerte, pero a diferencia de su compañero, su reacción no era tan calmada.

– Eh, Roy, tenemos visita. ¿Roy? ¡¡¡Roy!!! Dame un segundo – le escribió rápidamente un mensaje al móvil y añadió – Se dará cuenta de inmediato.

Roy sintió como su móvil vibraba en su bolsillo. Pausó el juego, leyó la pantalla del móvil y se dio la vuelta.

HOLA.

La cara de Roy estaba más blanca que la calavera de la Muerte. Tenía mal aspecto, desde luego.

– Pero saluda a nuestro invitado, Roy – le apremió Moss.

– Aaaaaaaaaaahmmmmargggffffffffssssdddd… – consiguió farfullar al final el irlandés pelirrojo.

YO TAMBIÉN ME ALEGRO DE VOLVER A VERTE.

– Bueno, ¿y cuál es exactamente tu duda? – inquirió Moss de pronto, como si la reacción de su amigo nunca hubiese tenido lugar.

OH, CIERTO. VERÉIS ESTOY BUSCANDO AL CREADOR. LA COSA ES MUY SERIA: NO SÓLO NO LE ENCUENTRO, SINO QUE ADEMÁS LA ARENA DE SU RELOJ SE HA DETENIDO. ES COMO SI SE HUBIESE ESFUMADO, COMO SI SU EXISTENCIA HUBIESE QUEDADO SUSPENDIDA TEMPORALMENTE. PENSABA QUE PODRÍAIS DARME RESPUESTAS.

– ¿Y quién es el creador?

A la Muerte no dejaba de sorprenderle que Moss pudiese verle y hablar con Él de la manera más normal del mundo y que al mismo tiempo fuese incapaz de entender las afirmaciones más simples. Bueno, en realidad le pasaba con todo el mundo: Moss era completamente incapaz de entender el mensaje de ningún tipo de expresión facial. Quizás por eso la Muerte le caía bien: porque no tenía que entenderle, sólo atender a lo que necesitase.

PUES EL CREADOR ES EL QUE OS CONTRATÓ Y TRAJO AQUÍ, EVIDENTEMENTE.

– Oooooooooooooooooh, ese creador.

VEO QUE POR FIN ME SIGUES.

– ¿Y dices que se ha esfumado del mapa y la arena no se mueve? Pensaba que no tenía ningún tipo de poder, aparte de un gran poder de convocatoria.

Y NO LO TIENE, POR ESO ME EXTRAÑA TODO ESTO. ¿CREES QUE PODRÉIS AYUDARME?

– ¡Sin lugar a dudas! Déjame que lleve a cabo una pequeña investigación en Google.

POR SUPUESTO, ADELANTE.

El hombrecillo empezó a teclear como un demente. No paraba de abrir nuevas pestañas y teclear nuevas consultas. Era digno de ver. Incluso la Muerte pensó que, en cierto modo, lo que hacía tenía un toque artístico. Pero desechó la idea en cuanto vio los juguetes encima de la mesa y el póster que había detrás de él, un póster en el que una masa de espagueti con ojos parecía tocar el índice extendido de un hombre.

– Bueno, creo que ya sé qué es lo que le pasa a la arena del reloj.

¿Y BIEN?

– Parece ser que hace un par de días asaltaron un complejo militar de EE.UU..

¿Y QUÉ TIENE QUE VER ESO CON LA ARENA?

– Pues según lo que veo, todo. Lo que se llevaron fue una cápsula que el ejército estadounidense quería usar para congelar y mantener a sus mejores soldados en perfectas condiciones hasta que se les necesitase para una guerra. La cápsula mantiene al sujeto en una especie de animación suspendida, por lo que no envejece ni puede morir.

La Muerte todavía carecía de suficientes sentimientos propios, pero había aprendido rápidamente cuándo (y hasta cierto punto, cómo) debía mostrarse cabreado. Y así lo hizo:

¡¡¡¿¿¿CÓMO SE ATREVEN A QUERER BURLAR A LA MUERTE???!!! ¡¡¡MI FURIA HA DE CAER SOBRE SUS CABEZAS!!!

Para enfatizarlo todo un poco, la Muerte invocó unas llamas azules que se extendieron a una velocidad pasmosa por las pares de la habitación. Parecía que Moss estaba asustado por primera vez porque chilló:

– Four! I mean five! I mean fire!

¿CÓMO DICES?

– Oh, será mejor que pida ayuda. ¿Cómo era el número? 0188999…

¿MOSS?

– ¡No lo recuerdo! ¡Será mejor que escriba un e-mail pidiendo ayuda!

NO CREO QUE ESO SEA NECESARIO…

Las llamas desaparecieron con la misma presteza que había llegado.

– Uf, menos mal… Todo esto me ha recordado al incidente del golf…

SÍ, CLARO. EN FIN, EN OTRO ORDEN DE COSAS: ¿DÓNDE PUEDO LOCALIZAR AHORA LA CÁPSULA?

– En eso ya no te puedo ayudar. Pero sé de alguien que sí podría hacerlo.

¿SÍ? ¿DE QUIÉN SE TRATA?

– Pues del Bibliotecario. Ese maldito y espantoso simio ha venido hace un rato y se ha puesto a toquetear los ordenadores sin permiso. Es curioso, pero creo que también parecía buscar algo…

¿EL BIBLIOTECARIO TE DA MIEDO?

– ¿Y a quién no? Nadie sabe lo que pueda hacer ese simio loco en cualquier momento…

Y EN CAMBIO YO…

– Tú no me asustas. Sé que tú nunca me saltarás a la cara gritando, arañándome y arrancándome el pelo porque he dicho algo que no es de tu agrado.

TOUCHÉ. PERO TAMPOCO SIENTO LA PRESENCIA DEL BIBLIOTECARIO POR NINGUNA PARTE… AUNQUE, AHORA QUE LO PIENSO, NO HE MIRADO SU RELOJ.

La Muerte sacó un segundo reloj de arena de su túnica. Este otro iba envuelto en una piel de plátano (a sugerencia del propio Bibliotecario). Cuando miró, la Muerte se dio cuenta de que la arena sí se movía.

PERO, ¿POR QUÉ NO CONSIGO DETECTARLE SI ESTÁ VIVO?

– Mira, según el historial de búsqueda, probablemente haya encontrado algo relacionado con el caso en este sitio y haya partido hacia allí.

La Muerte leyó la pantalla y anotó mentalmente cuál era su nuevo destino.

MUCHAS GRACIAS, MOSS. HAS SIDO DE GRAN AYUDA.

– De nada, tranquilo.

Y GRACIAS A TI TAMBIÉN, ROY. NOS VOLVEREMOS A VER EN BREVE.

La Muerte se esfumó en una nube de fina niebla azulada.

– Hay que reconocer que es un tipo con estilo, ¿no crees, Roy?

– Aaaaggggggghhhdddeeeee… – respondió Roy, visiblemente más aliviado.

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3 Respostes to “The quest (parte II)”

  1. Joselo Says:

    Jur jur jur, cuanta referencia conocida veo por aqui xD
    jo, creo que lo que me lleva a leer esta historia es ver si puedes sorprenderme o no …..( chananaaannnannnn……reto al canto: podra Charlie sorprender con un “giro inesperado” a Joselo??? )

    Animo Carlos!!! aunque si me permites un pequeño apunte….da mas detalles de la localizacion ( tampoco es necesario a modo Tolkien), yo creo que ayudaria a la gente a familiarizarse con el escenario (recuerda, aqui eres komo un “DdJ” :-D ), ademas podras ocupar mas entradas xDDDDDDDDD……ahora en serio: tu blog, tu estilo…. “fes-ho com vullgues”

    Espero la proxima entrada….

  2. paco Says:

    ¿IT Crowd más Mundodisco? Curioso. Pero sin conocer las fuentes puede resultar muy complicado entender las situaciones. En mi caso tengo suerte de conocerlos de oídas.

  3. Superlayo Says:

    Mmm… Esta parte parece menos confusa, y me gustan conceptos como monos bibliotecarios, cápsulas criogénicas, espaguetis divinos y creadores desaparecidos, por primera vez en una gran producción Disney, o algo. Me intriga más y me aturulla menos que la primera, bien hecho.

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